En el ecosistema culinario de la isla, la incertidumbre es hoy el ingrediente principal de cualquier menú. No se trata solo de la técnica tras un sofrito o el punto de sal de un cordero; se trata de la logística casi milagrosa que permite que ese plato llegue a la mesa. Entre el desabastecimiento de combustible y las intermitencias del sistema eléctrico, el comensal profesional —aquel que valora su tiempo y su presupuesto— se enfrenta a una ciudad donde la certeza es un lujo. En este contexto, la plataforma Restaurantes en Cuba ha decidido dejar de ser un catálogo pasivo para convertirse en una herramienta de auditoría en tiempo real.

La apuesta es tan arriesgada como necesaria: limpiar el inventario. En lugar de ofrecer un directorio inflado de sitios cuya operatividad es una incógnita, la web reducirá su catálogo para quedarse únicamente con aquellos negocios que garanticen transparencia. Es una cirugía radical que prioriza la veracidad sobre el volumen. A través de una integración orgánica con redes como WhatsApp y Telegram, el equipo de la web establece un cordón umbilical con los propietarios para que la información que llega al cliente no sea una promesa vacía de hace seis meses, sino la realidad de hoy mismo.
Este cambio de modelo no olvida la profundidad humana. Al negociar suscripciones personalizadas, la plataforma permite que tanto el pequeño emprendimiento de barrio como el restaurante de alta gama coexistan bajo una premisa ética: la colaboración. No hay espacio para el misticismo turístico cuando la realidad dicta que hay que cocinar con lo que hay. Por ello, la web se transforma también en un nodo de intercambio entre proveedores y chefs, promoviendo recetas de aprovechamiento y consejos técnicos que responden a la economía actual del país, validando los productos locales por encima de las importaciones inciertas.
Con el respaldo de la Revista de Viajes y Turismo “Más Cuba”, esta información no se queda en el consumo interno. Se convierte en inteligencia de mercado para turoperadores y agentes de viajes que necesitan saber, con precisión técnica, dónde enviar a sus clientes para asegurar una experiencia digna. Restaurantes en Cuba no está intentando vender una postal perfecta; está construyendo el mapa de una gastronomía de resistencia que, a pesar de los apagones y las calles vacías, se niega a apagar sus fogones. Es, en última instancia, un pacto de honestidad entre quien cocina y quien se sienta a la mesa.










